Por Yulendys Jorge
Fotos: Ricardo Hernández

Las dimensiones de un árbol no las mide un sistema métrico ni decimal, las establece la trascendencia de este y sus congéneres por sus aportes al medio ambiente, a su rol en la estabilidad de la subsistencia en el planeta Tierra, y a su conexión con los seres humanos, eslabones de esa cadena de conexiones físicas e intangibles fundamentales para la subsistencia.

Cuidar de un árbol o de una planta establece una relación con esa entidad imponente que llamamos naturaleza. Numerosos estudios científicos han confirmado los efectos positivos de esta actividad en la calidad de vida de las personas, aunque Leandro Pichardo (Leo) cuando niño no los conocía. Solo sabía que prefería “los paseos y la búsqueda de matitas o cazar lagartos en los montes de su barrio de Arroyo Hondo”, hoy un sector privilegiado en áreas verdes si se compara con los demás de la capital.

Fue en 1987 cuando Leo Pichardo vio por primera vez un bonsái, en un documental que transmitía la BBC de Londres llamado “El mundo en cuestión de minutos”. Quedó flechado, y desde entonces se dedicó a ver en cada planta un potencial árbol en miniatura. Pero no tenía los conocimientos, por lo que desistió para concentrarse en sus estudios universitarios de arquitectura, de los cuales sus nociones de estructura y diseño contribuirían a que se convirtiera en un estudiante aventajado en 2004.

En ese año conoció al maestro de bonsái, Carlos Medina, médico cubano que dedicó más de 30 años al arte del bonsái y uno de los primeros en formar a dominicanos y dominicanas en esta técnica. Fallecido recientemente, Leo desea dedicarle el pabellón de bonsái que desarrolla en el Jardín Botánico Nacional para perpetuar su memoria. En el Jardín Botánico de Santiago también tiene el encargo dirigir un pabellón similar.

Leo Pichardo ha hecho de esta actividad su misión de vida, pero no su medio, para eso está la arquitectura. Perteneció a la directiva de la Asociación de Bonsái de República Dominicana y en 2009 funda el Club Dominicano de Bonsái, a través del cual promueve este arte y comparte sus conocimientos con los miembros que se reúnen todos los sábados en un espacio donde impera la quietud, el ansia de aprender y la confraternidad.

“Paz” es justamente lo que busca María Angélica Martínez, una ingeniera civil que asiste al Club desde hace dos años y ve su arbolito avanzar tras muchos mimos. Andy Ramos, apasionado del arte y la naturaleza encontró en el Club una actividad que empezó en su natal Cuba y a la que le confiere una sensación terapéutica por el lazo emocional que surge entre él y la planta con cada riego, poda y modelado alambrando las ramas con paciencia quirúrgica. Los pacientes de la uróloga Jazmín Pimentel cambian de especies los fines de semana cuando sus manos solo están disponibles para tantear las raíces de una plantita que ha decidido colocar sobre una piedra calcárea que dará interés a la composición.

Las redes sociales han servido como medio de divulgación y suman adeptos a la labor; a través de estas, Leo comparte sin reservas sus conocimientos a la vez que motiva a cualquiera, sin importar edad ni formación académica, a incursionar en el arte del bonsái. Con más de 20 exposiciones en su haber, Leo Pichardo es también miembro directivo de la Federación Latinoamericana y Caribeña de Bonsái (FELAB) con sede en México.

Fucsia: Hay personas que no les gusta la técnica del bonsái porque consideran que se está limitando el crecimiento natural de un árbol.
Leo Pichardo: El trabajo que realizamos con el arte del bonsái es como la jardinería, cuidamos la calidad de la tierra donde crecen las plantas, las alimentamos, las podamos… y, mejor aún, creamos un vínculo emocional.

F: ¿Cómo es ese lazo emocional?
LP: Yo no vendo plantas, con algunas excepciones por motivos de espacio. Luego de pasar años cuidando y manteniendo una planta, se crea un vínculo muy cercano. Si un bonsái muere por falta de cuidado, además de una planta, perdiste varios años de dedicación e inversión.

F: ¿Cómo se empieza un bonsái?, ¿de la semilla, de los frutos?
LP: Puede ser a partir de semilla, pero el proceso es mucho más lento. Las plantas las obtenemos a partir de esquejes o de acodos de árboles que han sido cortados y a veces los encontramos en fincas de amigos y relacionados.

F: ¿Cómo se escogen las plantas?
LP: Para elegir las plantas y las piedras, que son elementos importantes en la composición, se recomienda conocer la especie para saber el potencial y de esa manera decidir la forma que se le dará al bonsái.

F: ¿Cuáles son los errores más frecuentes entre los principiantes?
LP: Riego excesivo o escaso, colocar las plantas recién plantadas en áreas de sol directo y poco aireadas, no quitar a tiempo el alambrado, lo que ocasiona marcas en las ramas que afectan la estética, y pasarse con el abonado.

F: ¿Se puede pensar en un modelo de negocio con bonsáis?
LP: Sí, pero conscientes de que es un trabajo a largo plazo. No todo lo que se vende en algunos viveros es bonsái; son plantas pequeñas, saludables, que las siembran en tarros de bonsáis, pero que no han sido fruto de un crecimiento progresivo que solo se obtiene con los años, ni tienen la estructura y el diseño de un buen trabajo. Por eso los bonsáis son muy costosos.

F: ¿Es necesario aprender algo de botánica?
LP: Sí, a medida que vamos trabajando, aprendemos botánica porque hay que conocer cómo funcionan las plantas para tener mejores resultados. Ayuda también tener conocimientos básicos de agronomía, horticultura, arquitectura, diseño y composición. Todo eso lo hablamos en el club.

F: ¿Has ganado algún concurso?
LP: Normalmente, cuando realizamos exposiciones, no hacemos concursos. No vemos esta actividad como una competencia. Sí he participado como en 25 colectivas.

F: ¿Y premios?
LP: Para mí la premiación es cuando tú subes una foto de tu bonsái en las redes sociales y personas de todo el mundo elogian tu trabajo; cuando mensualmente se te suman 400 seguidores, cuando tus estudiantes participan en exposiciones y la gente se detiene a admirar su trabajo. Mi trabajo se fundamenta en lo que dijo una vez el maestro de bonsái, John Yoshio Naka: “La idea no es que mi planta parezca un bonsái, es que mi bonsái parezca un árbol”.

F: ¿Cuál es tu especie favorita? ¿Tienes alguna historia especial?
LP: Hay dos plantas que comencé en 2005, de olmo chino, un árbol importante del cual he creado varios bonsáis. Lo empecé a trabajar con mi maestro Carlos Medina y, años después, cuando él lo vio nuevamente, me dijo: “Coño, Leo, qué bien te quedó, parece mío”. Para mí, Carlos Medina ha sido el mejor bonsaista de República Dominicana, desde el punto de vista artístico, de forma, de proporciones y dominio de las especies.

F: ¿Qué opinas sobre el arte del bonsái como terapia?
LP: Yo creo en la buena vibra de las plantas. He tenido experiencias muy positivas con personas que han tomado mis cursos tras perder a un ser querido, y más recientemente, el Jardín Memorial me invitó para hacer una exposición de bonsái y hablar de sus cuidados y mantenimiento, junto a una psicóloga que ofreció una charla sobre el bonsái como terapia de duelo.

F: ¿De dónde viene el apodo Lichao?
LP: Fue Cuquín Victoria quien me puso ese apodo. Cuando era pequeño no sabía pronunciar bien mi nombre, Leandro Pichardo, y decía algo parecido a Lichao. Y así surgió.

F: ¿Cómo funciona el Club Dominicano de Bonsái?
LP: Cualquier persona interesada puede acercarse a través de nuestras redes sociales. Nos reunimos todos los sábados durante el día y la tarde. Realizamos cursos para principiantes y talleres especializados para los más avanzados. También realizamos actividades de visitas a viveros de la capital y del interior en busca de plantas.

PROYECTOS
Leo Pichardo trabaja en la redacción de dos libros. Uno sobre conocimientos básicos del bonsái, y otro sobre la historia del bonsái en República Dominicana, en el que resalta las especies endémicas que pueden adaptarse a la técnica.

REDES SOCIALES
Instagram: lichao.bonsai
Youtube: Leo Pichardo
Facebook: Lichao

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