Por Yulendys Jorge y Adrian R. Morales

Fotos: Ricardo Hernández

Premio Nacional de Novela, Premio Nacional de Cuento, Premio El Barco de Vapor, Premio de Poesía y Premio Internacional Alberto Gutiérrez de la Solana…; con tantos lauros en su haber no cabe duda de que el escritor dominicano Pedro Antonio Valdez ha vivido y vive por y para las letras. Un arte que no deja de cultivar y cuyos conocimientos comparte sin recelo en los talleres y las conferencias que imparte. Su cercanía y generosidad ante los ávidos de formación en el oficio le han valido el respeto y la admiración de sus lectores y coetáneos.

Lejos de ostentar sus galardones, le cubre esa aura que rodea a los poseedores de un alma noble conscientes de la trascendencia de las pequeñas cosas. Lo sublime. Quizás por ello, de momento, entre sus mayores anhelos actuales está tener un patio con plantas, un refugio donde escribir lejos del ruido.

¿Qué plantas tendría? Hierbas aromáticas, aunque le atraen los frutales y los espacios con sombras proveídas por los árboles. “Me encanta ese lugar de aislamiento y de encierro que produce la vegetación al enlazarse. Y cuando el espacio incluye un afluente de agua, es más interesante”, nos confiesa cuando lo entrevistamos para Fucsia.

Y tan fuerte ha sido su deseo, que en una ocasión trajo de México pequeños motores eléctricos y construyó una fuente, a la que le puso peces. “Recrear espacios naturales es algo maravilloso”, de eso está convencido.

Entre sus primeras obras se encuentran Naturaleza muerta y entre sus libros está la Última flor del naufragio (Antología de novísimos cuentistas dominicanos). Ya luego sus títulos no van tanto por la naturaleza. Le preguntamos si hay alguna razón especial para ello y nos responde que se debe a la semántica involucrada en cada título.

Sabemos que ‘naturaleza muerta’, señala Pedro Antonio, hace referencia a un tipo de imagen de origen natural pero ya desconectada de la naturaleza. “Fue mi manera de implicar cierta superficialidad en la vida neoyorquina, en la que se asienta ese poemario. Y ‘flor’, en el sentido de esa antología, se refiere a compendio, en la idea de las colecciones de romances. Sin embargo, en libros como Carnaval de Sodoma, aunque no lleva título vinculado a elementos de la naturaleza, hay muchas referencias al mundo natural”.

FUCSIA: Gabriel García Márquez debía tener un ramo de flores amarillas en su escritorio porque decía le daba suerte. Isabel Allende siempre tiene flores frescas e incienso. ¿Qué factor externo inspira a Pedro Antonio Valdez?

Pedro Antonio Valdez: Rara vez tengo la facilidad de encontrarme en lugares naturales para escribir, que me encantan. No obstante, de la artificialidad siempre procuro excluir uno de sus componentes más regulares: el ruido. Para escribir requiero del silencio.

F: ¿Qué motiva a Pedro Antonio a escribir una novela?

PAV: Generalmente situaciones en las que perciba cargas muy humanas. Para narrar necesito hacerme del relato; es decir, de esa otra forma de la lengua en que la palabra se articula en masa narrativa, pero, como siempre hizo el hombre desde que aprendió a relatar, me importa qué de humano hay en mi novela.

F: ¿Cómo valoras el mercado editorial dominicano? ¿Muestra señales de solidez en los últimos años?

PAV: El mercado literario dominicano históricamente ha pertenecido al autor. Nuestro país no ha desarrollado nunca un proyecto editorial poderoso en el sentido mercantil. Eso, que sin dudas implica limitaciones, a la vez posee una virtud única: le da un gran poder al autor. Creo que eso es lo que permite que la literatura dominicana sea tan rica en diversidad. En las últimas dos décadas se mantiene esa condición. Hace unos años coincidieron aquí proyectos editoriales activos para el mercado local (Santillana, Norma, y algo de Planeta), que incluían autores dominicanos en sus catálogos. De pronto, eso se desinfló mucho. Ya no hay esa variedad empresarial. Pero se sigue publicando, como siempre, desde el terreno del autor. Con la internet, por ejemplo, con Amazon, han surgido muchas publicaciones. Si algo positivo le veo al mundo editorial dominicano es ese poder que tiene el autor sobre su suerte.

F: ¿Por qué crees que es tan difícil para un joven escritor dominicano abrirse paso en ese mundo editorial?

PAV: Es que en el mundo a nadie se le hace fácil. Por ejemplo, junto con cada joven autor español que llega aquí a una librería, vienen decenas de los escritores españoles ya establecidos. Eso tiene su lógica en todas partes del mundo. Un autor ya establecido cuenta con vínculos, lectores, abordajes teóricos y bibliografía pasiva que no se crean de la noche a la mañana, sino que a menudo exige muchos años. No creo que la juventud sea obstáculo para la configuración creativa. Al menos así lo entendí siempre durante mi juventud. Ahora bien, los jóvenes de este tiempo tienen grandes ventajas para editar y darse a conocer que nunca antes habían existido. Anteriormente para un joven era casi imposible hacerle llegar un texto a más de 20 personas a la vez, a menos que no fuera incluido en algún suplemento. Sin embargo, hoy día lo sube a las redes o a ciertas webs y listo. Eso, que tiene sus inconvenientes, también posee sus virtudes.

F: La autopublicación, ¿recomendable o no?

PAV: Entiendo que sí. Se autopublicó Bosch, Aída Cartagena, Virgilio Díaz Grullón, Hilma Contreras, Pedro Peix, Aurora Arias… Entonces parece ser recomendable. Por supuesto, es mejor contar con el apoyo profesional del mercado editorial, pero, en su ausencia, la experiencia dominicana ha demostrado que se puede hacer literatura. Los resultados negativos en la autopublicación igualmente los encontraremos en los amplios catálogos de las grandes editoriales.

F: En los últimos años han tomado auge iniciativas que fomentan el gusto por la lectura. ¿Crees que esos clubes de lectura y de alquiler de libros contribuyen con su cometido? ¿Qué podría hacerse a una escala más abarcadora y desde las instituciones?

PAV: Los clubes de lectura juegan un buen papel. Incluso en los casos en que el libro sea simple motivo para tomar un café. Que el libro sea el centro de reuniones es muy positivo. Además, mientras más personas se integran, más lectores interesantes van surgiendo. Yo creo que toda política para la creación de lectores debe ir enfocada a núcleo familiar. Es desde la niñez que se debe fomentar la lectura, y eso debe ser una labor de familia. Cada niño que no lee es una semilla para un adulto apático de la lectura.

F: ¿Qué te parece el fenómeno de los booktubers y bookstagrammers? 

PAV: Todo lo que promueva la lectura está bien. Sin embargo, yo me hago una pregunta: ¿hasta qué punto desde estos esfuerzos realmente se construyen nuevos lectores jóvenes? No estoy seguro de que en todos los casos los booktubers y bookstagrammers motiven la creación de nuevos lectores. Aunque, estoy seguro, agrupan y motivan a quienes ya leen y, en ciertos casos, a lo mejor le dan un empujoncito a favor a los “indecisos”, porque es como si dijeran: “Hey, montro, tú no ta solo, somos legión”.

F: ¿Qué sentiste cuando Arturo Ripstein te compró los derechos de tu novela Carnaval de Sodoma? El director mexicano admite ser desleal con las novelas que adapta. ¿Quedaste satisfecho con su versión cinematográfica?

PAV: Primero, me sentí muy honrado y contento, sobre todo cuando me dijo, tiempo después, que ya había filmado la película. La deslealtad de Ripstein a las novelas que adapta se debe a que no existe otra manera. El relato literario y el relato cinematográfico son formas distintas. No se puede de ninguna manera ser literal a una novela en una película, por más que se intente serlo. En cuanto a mí, entiendo que el deber de un relato cinematográfico que parte de un relato literario es ser lo menos literario posible. Así que lo que hizo Ripstein con mi novela fue lo correcto y lo hizo de la mejor manera. Por eso quedé satisfecho con la película, especialmente porque en ella existen momentos que no son comunes en el lenguaje de este director y que sí están presenten en el mío: hacer reír. En este sentido, puedo decir que subvertí su lenguaje.

F: ¿Has cambiado algún final después de escribirlo?

PAV: Nunca.

F: De los autores que se han inspirado en la naturaleza para escribir sus obras de ficción, ¿cuáles te han impactado más o te han despertado algún sentimiento importante que quieras compartirnos? 

PAV: Muchísimos. Juan Rulfo y los paisajes áridos. Bosch y el ambiente rural dominicano. El ambiente nevado de autores rusos como Máximo Gorki y Boris Pasternak. El bosque salvaje en Alejo Carpentier. Y el estallido de la selva en Horacio Quiroga. Me encantan las escenas de la naturaleza criolla en las narraciones de Pedro Francisco Bonó, Tulio Manuel Cestero y las descripciones marinas de Julio Vega Batlle. Las descripciones naturales en los textos narrativos me transportan a lugares ideales.

F: ¿Tienes en carpeta alguna novela que se desarrolle en ambientes naturales?

PAV: No suelo hablar de mis proyectos de escritura cuando están en proyección o progreso. Ahora estoy en el periodo de investigación somática. Solo les puedo adelantar que se desarrolla en el sur del país y que, en general, está motivada por aquello que hizo que los seres humanos aprendiéramos a hablar para relatar: la necesidad de conservar en el lenguaje los actos que nos parecen importantes.

F: ¿Ya tiene fecha de publicación? 

PAV: Supongo que para 2022 o 2023, si Dios quiere.

 

Breve bibliografía

Pedro Antonio Valdez (La Vega, 1968). Narrador, poeta, dramaturgo, ensayista y crítico. Licenciado en Educación, Mención Filosofía y Letras (summa cum laude) por la Universidad del Caribe y magíster en Literatura por la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Ha publicado las novelas Bachata del ángel caído (1999), Carnaval de Sodoma (2002) y La Salamandra (2012), las tres merecedoras del Premio Nacional de Novela. En 2013 obtuvo el premio El Barco de Vapor, de Ediciones SM, por su novela infantil Dromedáriux: la batalla del armario. Entre sus colecciones de cuentos se encuentran Papeles de Astarot (1992), Premio Nacional de Cuento; y La rosa y el sudario (2001). Entre sus libros de poemas están Naturaleza muerta (2000), Premio de Poesía de la Universidad Central del Este, y El arte de singar (2015). En 1998 obtuvo el Premio Internacional Alberto Gutiérrez de la Solana, de Estados Unidos, por su texto teatral Paradise.

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