Por Amalia Bobea Torres Arquitecta / @abjardininterior

Fotos: Fuente externa

Dice un proverbio chino que si quieres ser feliz para toda una vida, debes plantar un jardín. Un jardín es ese lugar en donde podemos entrar en contacto con la naturaleza, a través de las plantas, las piedras, el agua, los animales.

En él encontramos belleza, descanso e inspiración. Según los japoneses, el jardín se encuentra entre el arte y la naturaleza, y sin lugar a dudas, dentro de todo ese conglomerado de elementos que lo componen –naturales y artificiales– las plantas son las protagonistas. Aparte de su belleza intrínseca, estas poseen múltiples beneficios que son muy conocidos y estudiados, tales como beneficios ambientales, sociales, terapéuticos y económicos.

Cuando disponemos de un espacio para crear un jardín, nos enfrentamos con un sinnúmero de posibilidades sobre lo que podemos hacer, no solo con las plantas, sino con elementos como verjas, vallas, borduras, letreros, caminos, pérgolas, esculturas, rocas, estanques, mobiliario, iluminación, riego… Todo esto puede llegar a abrumarnos a tal punto de no tener idea de por dónde empezar.

Cómo comenzar

Lo recomendable es comenzar paso a paso. Lo primero es familiarizarnos con el lugar y su entorno. Esto es indispensable ya que el lugar tiene mucho que contarnos, y del análisis que realicemos dependerá en gran parte el éxito en la selección de los materiales y las plantas y en consecuencia, de nuestro diseño. A esto yo le llamo “explorar el terreno”.

Una vez exploradas y analizadas todas las variables que incidirán en el proyecto podremos identificar necesidades, plantearnos objetivos, repartir el terreno y elegir los componentes y las plantas de nuestro jardín. Llegado el momento de elegir las plantas, por lo general nos preguntamos: ¿Con qué criterio elijo mi paleta de plantas?, ¿cómo las combino?

Las plantas deben cumplir con ciertas cualidades, ya que no todas son ideales para uso paisajístico. Debemos tomar en consideración plantas saludables, que sean resistentes, fáciles de trasplantar, que no sean tóxicas, preferiblemente nativas o endémicas. Pero además de estas cualidades, deben poder adaptarse al ambiente específico y cada lugar tiene sus propias peculiaridades –incidencia de luz solar, tipo de suelo, grado de humedad–, que son vitales para sembrar la planta correcta para el lugar correcto.

Componer con plantas

Una vez elegimos una paleta de plantas de acuerdo con sus cualidades y las condiciones del terreno, nos enfrentamos con el gran reto: cómo combinarlas. A esta fase del diseño yo le llamo “componer con plantas”. Existen principios de composición en el jardín, así como existen en la arquitectura y en las artes visuales, como en la pintura, en la fotografía, en el diseño gráfico, con la diferencia muy significativa de que la parte visual es importante, pero además las plantas deberán adaptarse.

Desde el punto de vista estético, un principio de composición fundamental es lograr variedad y unidad. La unidad en el conjunto y la variedad en las partes. También existen principios de composición para jardines formales, y para jardines naturales.

Para simplificarnos un poco, podemos combinar las plantas primero agrupándolas por zonas: pleno sol, semisol, sombra. De igual modo esa agrupación debe obedecer a los requerimientos de agua, pues es un error combinar plantas con necesidades de riego distintas.

Otra forma de combinar y distribuir las plantas es por capas o planos, tomando en cuenta su altura y patrón de crecimiento. Primero ubicamos las plantas principales, las cuales pueden ser las más altas, las más bonitas –árboles o palmas de gran porte–, arbustos especiales. Estas las colocaremos en lugares estratégicos, y le darán una especie de estructura al espacio.

Luego de establecer las plantas principales, distribuimos los elementos secundarios, una capa media en la que vamos a crear masas o agrupaciones de una misma especie, que contrasten con otras agrupaciones por su forma, patrón de crecimiento, colores o texturas.

Posteriormente, pensemos en los detalles: plantas bajitas, que serán colocadas en los bordes, crearemos acentos con el color y por último colocaremos los cubresuelos o tapizantes.

Estos son algunos principios que nos ayudan a realizar una composición con plantas, pero debemos reconocer que aún sin el conocimiento de  estos podemos realizar una composición hermosa e impactante, y es que la mejor regla para componer es observar los paisajes naturales. Salir a la montaña, ir al campo, observar las escenas naturales desde la carretera, esa es la mejor manera de aprender a combinar la vegetación.

Tal como decía el pintor neerlandés Rembrandt: “Elige solo una maestra: la naturaleza”. Esa la mejor escuela para inspirarnos y para crear la belleza que deseamos en nuestro jardín.

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