Por Amalia Bobea, arquitecta. @abjardininterior

Foto: fuente externa

Diseñar es un proceso interior de pensar y generar soluciones, pero también implica ser creativos. Para diseñar un jardín debemos tener objetivos claros, conocer las necesidades y procurar satisfacerlas, ya sean físicas, funcionales, estéticas o de otra índole. Además, debemos prestar atención a lo que ofrece el lugar y todo lo que le rodea.

En ese sentido, son muchos factores los que incidirán en el futuro jardín. El terreno o el lugar nos habla. Para explorarlo, debemos realizar una o varias visitas de reconocimiento y tomar nota de todo. Entre los factores a observar se encuentran:

 

  • Tamaño y orientación ¿El espacio se encuentra al este o al oeste? ¿Al norte o al sur? ¿Qué recorrido sigue el sol? ¿Qué dimensiones tiene?
  • El entorno inmediato ¿es agradable o no? ¿En que afecta al terreno? ¿Qué percibes del entorno?
  • Incidencia de luz solar, los patrones de luz y de sombra. ¿Cuáles zonas del terreno o lugar reciben luz todo el día? ¿Cuáles están en sombra? ¿Cuáles están solo iluminadas, pero sin sol directo? Evalúa las sombras que proyectan los árboles y las edificaciones. Si es una terraza o balcón, observa el grado de iluminación y hazlo en varios momentos del día.
  • Corrientes o túneles de viento, este tiene efecto directo sobre la vegetación y puede no solo dañar las plantas, sino otras instalaciones.
  • Tipo de suelo que posee y su conformación. Los suelos tienen características físicas y químicas que debemos analizar.
  • Principales vistas, esto es primordial pues de ellas dependen los puntos focales, la colocación de los elementos principales y especiales de tu jardín. Analiza las vistas tan pronto accedas al lugar, desde fuera y desde dentro de los recintos. Imagina los recorridos del o los usuarios. Establece puntos a jerarquizar.
  • Función del futuro jardín. Cuáles serán sus usos y con qué frecuencia. Por ejemplo, puede ser un lugar para orar, compartir, recrearse, jugar, contemplar.
  • Accesos y los patrones de circulación.
  • Flora y fauna: Aves, mariposas, peces, perros, gatos, especies de plantas invasoras, plantas enfermas, plantas valiosas o bonitas.
  • Drenaje, disponibilidad de agua para irrigación y otros servicios (electricidad, accesibilidad, seguridad, alarmas, cerco eléctrico, etc.).

 

El genio del lugar

Cada una de estas variables nos aporta toda la información que condiciona nuestro diseño, nos da las pautas y nos plantea problemáticas que tendremos que solucionar.

Dejando de lado los aspectos funcionales que hemos mencionado, existe en cada terreno o lugar algo que lo hace único e irrepetible, que es difícil describir objetivamente. Es más que la orientación, dimensiones y características físicas. Es lo que los paisajistas ingleses llamaban “el genio del lugar” o “genius loci”. Este es su carácter, una especie de fuerza, su naturaleza, su esencia. Es el espíritu que percibimos.

Alexander Pope, poeta y precursor del jardín paisajista (1688-1744), hizo del “genio del lugar” un principio esencial en el diseño y decía:

“Consultemos en todo al genio del lugar:
él dice si las aguas se elevan o se caen,
o ayuda a las colinas ambiciosas a escalar el cielo,
o extrae del valle teatros envolventes,
él convoca al paisaje, atrae los claros que se abren,
une los bosques serviciales, y hace variar las sombras,
a veces frustra la intenciones y a veces las orienta,
pinta cuando plantamos y diseña cuando trabajamos”.

En conclusión, antes de diseñar un jardín debemos explorar el terreno para evaluarlo. Tras analizar cada factor y realizar un levantamiento, resulta interesante recorrer el lugar una vez más para percibir su esencia. Una vez que conocemos el genio del lugar, este también nos dará las pautas para diseñar.

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