Por Frank Moya Pons *

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En el último cuarto del siglo XIX, la República Dominicana experimentó un intenso proceso de transformación económica que cambió definitivamente la estructura de su economía. Hasta entonces, las exportaciones dominicanas descansaban en la producción campesina de tabaco y en el corte de maderas, en particular caoba, guayacán y campeche.

Gracias a los incentivos fiscales otorgados por el Estado a partir de 1872, algunos inversionistas extranjeros vinieron al país para adquirir tierras y establecer plantaciones de caña, café y cacao. Las inversiones realizadas por esos individuos fueron ampliamente protegidas por el Estado, y en menos de una década el país desarrolló un sistema de plantaciones modernas con técnicas de cultivo, sistemas de gerencia, tecnología y administración de personal desconocidos hasta entonces en el país.

Con el tiempo la industria azucarera se hizo dominante. Las enormes extensiones de tierra dedicadas a la siembra de caña, y la instalación de grandes ingenios, impresionaron de tal manera a los testigos de la época que la “revolución azucarera” terminó oscureciendo otras dos importantes “revoluciones” agrarias que tuvieron lugar en aquellos mismos años: las del cacao y el café. Ambas fueron igualmente notables y llegaron a jugar un papel tan importante en el crecimiento económico dominicano que hubo años, a principios del siglo XX, que los ingresos procedentes de las exportaciones de cacao superaron los generados por el azúcar.

Hasta entonces, los dominicanos habían cultivado cacao y café solamente para el consumo interno. Desde tiempos coloniales los dominicanos acostumbraban a consumir chocolate de agua y de leche como parte de su dieta diaria, pero las plagas endémicas impedían que el cacao se convirtiera en un artículo de exportación. Algo parecido ocurría con el café, a pesar de que este cultivo se difundió bastante entre los dominicanos durante la Dominación Haitiana. Hasta después de la Guerra de la Restauración los dominicanos no exportaban café con regularidad.

Al expandirse el mercado mundial y mejorar los precios rápidamente, muchos dominicanos, alentados por comerciantes extranjeros, se dispusieron a sembrar café en distintas zonas del país. Ambos cultivos, café y cacao, transformaron la vida de numerosas comunidades y estimularon la colonización interna de regiones que hasta entonces habían permanecido despobladas.

El desarrollo del cultivo del cacao fue responsabilidad de inversionistas extranjeros y de importantes empresarios agrícolas cibaeños. Un informe publicado en 1891 por el Bureau of American Republics, del Gobierno de Estados Unidos, registra las diferencias tecnológicas y gerenciales entre las modernas plantaciones fundadas por extranjeros y los atrasados conucos tradicionales dominicanos.

Entonces las principales plantaciones de cacao estaban ubicadas en tierras llanas y húmedas, de suelos profundos. La más importante era la hacienda La Evolución, en la cercanía de Sabana de la Mar, propiedad de unos suizos que sembraron unos 100.000 árboles de cacao, de los cuales había 60.000 en producción en 1890.

Otras haciendas importantes eran: Las Mercedes, en San Pedro de Macorís, propiedad de un español; La Condesa, a orillas del río Ozama, con 35.000 plantas, cuyo propietario francés se aprestaba a aumentar hasta 150.000; La Fundación, en San Cristóbal, también propiedad de un francés, con 100.000 árboles, de los cuales 50.000 habían entrado ya en producción.

Había más plantaciones en otras regiones del país. Las más pequeñas del Seibo totalizaban 200.000 plantas; las otras de San Cristóbal, 160.000; las del gran triángulo de tierra fértil entre La Vega, San Francisco de Macorís y Moca, 250.000. Como se puede ver, al tiempo que el sur del país experimentaba su entrada al mundo de las plantaciones azucareras y cacaotaleras, otras regiones en donde había nichos ecológicos adecuados para el cultivo del cacao también se adentraban en un proceso similar.

Las exportaciones de cacao crecieron a partir de 1880, y siguieron haciéndolo hasta el final de la Primera Guerra Mundial. De 3.549 quintales de 112 libras en 1881, las exportaciones subieron a 13.191 en 1889. Para 1914 las exportaciones habían subido a 20.700 toneladas, eso es, a 184.821 quintales de 112 libras. En 1917, las exportaciones alcanzaron las 23.700 toneladas. Algo parecido ocurrió con el café.

 

*Artículo contenido en el libro “La otra historia dominicana”, del historiador Frank Moya Pons. Edición 2009. La publicación en la revista Fucsia ha sido autorizada por el autor.

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