Por entre las reuniones clandestinas y aprestos militares estratégicos de los trinitarios que tramaban la lucha independentista de 1844 se filtraba sinuosa y discretamente el aroma de una flor que se convirtió en símbolo de la gesta heroica.

Esa flor era “jazmín de Malabar”, una especie de gardenia que trajo consigo la dominicana Filomena Gómez de Cova, de Caracas, Venezuela, y que en el país le llamaron filoria. La portaban las mujeres en sus cabelleras, y en la solapa o en los bolsillos los hombres.

Filomena Gómez de Cova es el nombre, en su memoria, de una calle del ensanche Piantini, y en el Instituto Duartiano hay un espacio dedicado a esta flor, el Jardín de las Filorias. Se desconocen las razones por las que Filomena escogió esta especie, según publicó la historiadora Ángela Peña en el periódico Hoy.

En su libro “Mujeres de la Independencia”, el historiador escribe sobre Joaquina Filomena Gómez: “Doña Filomena Gómez era mujer de apreciable abolengo. Nació en esta ciudad (Santo Domingo) en el año 1800, siendo hija de don Joaquín Gómez Márquez y doña Juana Carlota Grateró”. Viuda de don Lucas de la Cova, “acabó sus días el 9 de mayo de 1893, en edad nonagenaria”, en la ciudad que le vio nacer.

Ciento setenta y siete años han pasado, y la fragancia de las filorias de Filomena no se ha desvanecido. Continúa en la memoria de los amantes de la Patria, y sigue siendo motivo de plantaciones de esta planta en actos conmemorativos a la Independencia.

Ficha botánica
Flor de Malabar, jazmín del Cabo, jazmín de la India, o filoria (como le llaman en República Dominicana) es una Gardenia jasminoides, un arbusto de hoja perenne perteneciente a la familia Rubiaceae. Tiene su origen en Asia. Posee brillantes hojas verdes y flores blancas de una exquisita e intensa fragancia, y es ampliamente utilizada en los jardines en climas templados y subtropicales cálidos. (Fuente: Wikipedia)

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