Por Redacción Fucsia / Fotos: Tokio 2020

Las flores, vinculadas desde tiempos inmemoriales a las celebraciones tanto de la vida como de la muerte, también tienen esa dualidad en los Juegos Olímpicos y Paralímpicos que por estas fechas se celebran en Tokio.

Los deportistas que suben al podio no solo reciben su medalla, les espera, además, un ramo de flores cuyo origen es bien peculiar. De acuerdo con estimaciones del comité organizador de las competiciones, al finalizar Tokio 2020 se habrán entregado más de 5.000 ramos.

¿Pero cuál es la historia detrás de estas flores que los atletas alzan en son celebratorio al ser coronados vencedores? Como nuestros deportistas que han hecho historia y han puesto a República Dominicana en el medallero.

El Consejo Floral Nipón fue el encargado de crear los llamados “ramos de la victoria”, que exhiben colores brillantes, como una alegoría del momento glorioso de triunfo en el que se premia a medallistas de disímiles latitudes.

Entregar flores es un gesto común en la historia de los Juegos Olímpicos. Sin embargo, esta es la primera vez, desde Londres 2012, que una ciudad anfitriona entrega ramos de la victoria con un significado especial.

Las flores que componen los ramos se cultivaron en los terrenos afectados por el devastador terremoto –y posterior tsunami– que en 2011 provocó la fusión de tres reactores en la planta nuclear de Fukushima, una catástrofe en la que perdieron la vida más de 20.000 personas de las prefecturas de Iwate, Fukushima y Miyagi.

Flores con un gran significado

En los ramos llaman la atención el amarillo brillante de los girasoles; se cultivaron en Miyagi  y fueron plantados por padres cuyos hijos fallecieron en el desastre. Los progenitores  eligieron para sembrar los girasoles una ladera donde sus hijos se habían refugiado de los efectos del tsunami.

Las eustomas blancas y moradas y los sellos de Salomón se cultivaron en Fukushima. Se trata de una iniciativa sin fines de lucro con el objetivo de reactivar la economía local luego de la catástrofe, que causó enorme daño a la producción agrícola.

De Iwate, una zona costera devastada por olas gigantes, provienen las gencianas, una pequeña flor azul brillante. El ramo lo completan aspidistras de color verde oscuro, cultivadas en Tokio, que representan a la ciudad anfitriona. Y no podía faltar la graciosa Miraitowa, la mascota olímpica, un suvenir que los atletas atesorarán como señal inequívoca de su paso por las históricas olimpíadas.

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