Por Adrian R. Morales

Foto principal: Dr. Franklin Z. Howley-Dumit Serulle durante una expedición a Bonao mientras fotografía el arbusto candelabro (Senna alata)

República Dominicana es más que sol y playa, más que sabores y ritmos, más que la hospitalidad que invita a regresar a esta idílica media isla. Nuestro país, destino número uno del Caribe en llegadas de visitantes, es también flora y fauna que se encuentra en bosques y reservas, manglares y humedales, santuarios y parques nacionales. Allí habitan especies nativas y endémicas que representan la dominicanidad y son parte de la rica biodiversidad de las Antillas.

Más allá de las fronteras de un resort “todo incluido” o de un hotel boutique existe todo un mundo de experiencias y sensaciones. Venir a un hotel a desconectar o a broncearse no es criticable. Precisamente las características de nuestras playas y nuestros balnearios son parte del producto estrella que ha posicionado al país entre los líderes de la región en materia de turismo. No obstante, al visitante –puertas afuera de su acogedora habitación– le aguarda un universo poco explorado por el extranjero en su máxima expresión.

Una visita guiada por un parque nacional o por senderos interpretativos que atraviesan bosques con ricos ecosistemas forestales es una forma de fomentar la oferta complementaria en turismo; una manera de impulsar ese turismo verde que tanta demanda tiene hoy en día. En un senderismo interpretativo, por ejemplo, el turista sigue una ruta y a cada paso encontrará puntos de información sobre la naturaleza circundante y distintos elementos etnográficos y culturales de la zona en cuestión.

Vasta biodiversidad

Rosa de Bayahíbe. Foto: Rolando Sanó

Comenzando por la flor nacional, la llamativa rosa de Bayahíbe (Pereskia quisqueyana) y por el árbol nacional, la caoba criolla (Swietenia mahagoni), el turista –especializado o no– que nos elige como destino dispone de múltiples opciones para contemplar y admirar nuestra flora. La enorme biodiversidad que nos caracteriza, aseguran nuestros científicos, la componen aproximadamente unas 6.100 especies de plantas, de las cuales unas 2.050 son endémicas (solo se encuentran en nuestro territorio).

Según Francis Jiménez, subdirector científico del Jardín Botánico Nacional “Dr. Rafael María Moscoso”, República Dominicana cuenta con todos los ambientes de un continente: “Pinares en las altas montañas con temperaturas bajo cero y con aspecto alpino como cualquier país de clima templado, hasta bosques secos”.

Francis Jiménez, subdirector científico del JBN

El destacado botánico resalta el bosque latifoliado nublado “con abundancia y hermosura del palo de viento (Didymopanax tremulus) y los bosques de palma manacla (Prestoea montana)”. También nos cuenta que el bosque seco tiene presencia de una “diversidad de cactus que forman un paisaje bellísimo y armónico, como también las sabanas de altura entre pinares cubiertos de pajón (Danthonia domingensis), especie endémica que engalana los valles intramontanos en el bosque de Pinus occidentalis.

Jiménez alaba el hecho de que científicos de reconocida trayectoria internacional “se dan cita en nuestros jardines botánicos para fines de investigación”. Hace poco el botánico inglés-estadounidense Andrew James Henderson visitó el herbario del JBN; entre sus aportes de más de 40 años se encuentran haber descrito y clasificado taxonómicamente alrededor de 314 especies y subespecies, en especial en la familia Arecaceae (palmas o palmeras). Entre las especies recolectadas por botánicos dominicanos y conservadas en el herbario, el doctor Henderson identificó nuevas poblaciones de la Coccothrinax jimenezii.

Un continente en miniatura

La flora dominicana es uno de esos elementos que nos hace únicos e irrepetibles y “es a la vez uno de los valores que han sido menos explotados, menos promovidos y menos aprovechados en nuestra condición insular de alto endemismo y de características especiales”, nos explica Ricardo García, exdirector del JBN. Para él, en el sentido de la gran diversidad que acusa nuestra isla en cuanto a la flora, “casi que podemos equipararnos a un continente en miniatura”.

Ricardo García, exdirector del JBN

Muchas personas viajan por el mundo buscando conocer detalles únicos de la biodiversidad de los destinos, no solo aves o mamíferos marinos, sino también las especies de la flora y las plantas en todas sus manifestaciones y con particularidades únicas. “Muchas veces lo hacen por temas estéticos, simple contemplación o curiosidad, y otras por cuestiones de investigación científica. Entonces nosotros tenemos un potencial altísimo y aprovechable, explotable de manera sostenible; de algún modo tenemos que afianzar los esfuerzos para que estos proyectos puedan ser puestos en la agenda de promoción turística”.

En el mundo de las palmas endémicas de la isla, continúa García, contamos con el cacheo, el guanito de Oviedo y otras especies como la manacla, “que son maravillosas y cualquier viajero amante de ese tipo de plantas tendría necesariamente que venir a nuestro país a conocerlas”. Y qué decir de las orquídeas: “Hay 160 especies de orquídeas endémicas de La Española. Según los últimos estudios realizados, 363 son de aquí de la isla; el endemismo corresponde a un 44 %, y eso es altísimo en una familia botánica como esa”, explica el exdirector del JBN.

Flora y folclor

Nelson Bautista, secretario general del Consejo del Jardín Botánico de Santiago de los Caballeros “Prof. Eugenio de Jesús Marcano Fondeur”, también comparte el criterio de que la flora dominicana representa un importante recurso y un gran potencial para explotarlo desde el punto de vista turístico. “Si nos vamos a los usos tradicionales en lo botánico, tenemos la guáyiga (Zamia debilis), una de las principales fuentes de alimentos de nuestros aborígenes; y eso es cultura que el turista agradecerá conocer”.

Nelson Bautista, secretario general del Consejo del Jardín Botánico de Santiago

República Dominicana, en sus distintas zonas de vida, posee bosques exuberantes, señala Bautista. “Por ejemplo, es un placer recorrer un bosque húmedo como la zona de Miches hacia Higuey y Samaná, o bien desplazarse por las zonas áridas del noroeste o del sur dominicano”.

También hace referencia a otras plantas mágico-religiosas muy ligadas a la cultura y a las creencias de la población, que él considera como recursos para el turismo. “Y están los árboles emblemáticos, esos árboles gigantes que nos quedan, como la ceiba enorme que se encuentra en Tamboril, o un tamarindo cimarrón en Oviedo camino a Pedernales. En la misma ciudad de Santo Domingo tenemos de estos árboles, en el propio Parque Independencia. Son elementos que pueden ser exhibidos y utilizados para el turismo”.

La mayoría de la flora de La Española se encuentra en República Dominicana. “Somos uno de los puntos de mayor diversidad del Caribe; después de Cuba somos la isla con más especies de plantas, pero además el endemismo nos hace exclusivos y eso se puede aprovechar en la oferta turística, pues en los centros hoteleros se pueden sembrar plantas endémicas o crear un arboreto donde se puedan exhibir esas plantas que consumían nuestros aborígenes, o las usadas en religión o en medicina popular. Hasta se podría exhibir y comercializar la artesanía elaborada a partir de maderas dominicanas”, propone Bautista.

Otras especies endémicas son de una mínima restricción territorial, asegura el experto, como el caso del ébano verde (Magnolia pallescens) o las pereskias (tanto la rosa de Bayahíbe como la rosa de Bánica. “Su endemismo es tan limitado y tan restringido, pero son especímenes tan bellos que de seguro con una promoción adecuada y con un nicho de promoción sostenible se convertirían en un atractivo más para los interesados en venir a verlas”.

La exclusividad que nos distingue

Milcíades Mejía, exdirector del Jardín Botánico de Santo Domingo concuerda en que para conocer y estudiar nuestra gran cantidad de especies endémicas, es preciso visitarnos. “No solo la flora representa una importante atracción para los turistas, investigadores o naturalistas, sino también los variados ecosistemas de altas montañas, de nuestros valles, de nuestras costas, que por su majestuosidad y belleza impresionan al más indiferente de los viajeros”.

Milcíades Mejía, exdirector del JBN, expresidente de la Academia de Ciencias y miembro de su Consejo Directivo

Para Mejía, también expresidente y miembro del Consejo Directivo de la Academia de Ciencias de la República Dominicana (ACRD), es un privilegio deleitarse observando los extensos bosques de pino de nuestra Cordillera Central o el bosque de ébano verde, o un manaclar –población de palmas manaclas–, en las altas montañas frías, cubiertas de neblina, o una población de palmas cacheo, “y si no, un guanal en las costas de Barrero, en Azua, o los guanitos de Bahía de las Águilas que crecen directamente sobre la roca caliza, por solo mencionar algunos”.

Según el exdirector del JBN, son experiencias de extraordinario valor “que solo se pueden ver en nuestra amada tierra. Apreciar la belleza de la rosa de Bayahíbe, de las numerosas especies endémicas de orquídeas con variados colores, o la fragancia de nuestra magnolia, el ébano verde, o de la campanita criolla (Cubanola domingensis), provoca en el ser humano una sensación indescriptible que lo acerca más a la naturaleza y nos hace defenderla contra todas las amenazas que se ciernen sobre ella. Nosotros poseemos inmensas variedades de plantas, tenemos lo principal para promover un turismo de naturaleza, científico y de observación”.

Vista de pinares recuperados en la frontera norte. Foto: Pedro Taveras

Leyes, regulaciones y requisitos

Como parte del cumplimiento del marco legal que crea el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, así como el cumplimiento de la Ley Sectorial de Áreas Protegidas y la Ley Sectorial de Biodiversidad y el cumplimiento de los Convenios Internacionales, en especial el Convenio de Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica (CDB), el Ministerio promueve la investigación y facilita los permisos para tales fines.

En conversación exclusiva para Fucsia.DO con Federico Franco, viceministro de Áreas Protegidas y Biodiversidad de ese Ministerio, corroboramos que esa entidad otorga los permisos de investigación dentro y fuera de las áreas protegidas. “La solicitud de permiso para realizar las investigaciones lleva un proceso dinámico, el cual inicia con la introducción de la solicitud mediante la Ventanilla Única, que se envía a la Dirección de Biodiversidad para completar los requerimientos”, refiere el viceministro.

Este trámite de la Ventanilla Única lo puede solicitar el turista especializado desde su país de origen, vía correo electrónico, nos confirma Marina Hernández, encargada del Departamento de Recursos Genéticos de la Dirección de Biodiversidad. “Cuando se trata de investigaciones relacionadas con un acceso a recursos genéticos, o sea, investigación que se hace del material genético de una especie endémica o nativa, se realizan mediante contratos de acceso a recursos genéticos y distribución de beneficios”.

Ébano verde. Foto: Rolando Sanó

Estos contratos de acceso incluyen en sus cláusulas beneficios para las comunidades locales  que son las poseedoras de los conocimientos tradicionales por los que se realizan las investigaciones. “Hay dos tipos de contratos de acceso, uno con fines de investigación y otro con fines comerciales o de aprovechamiento, mediante los cuales, a partir de estas investigaciones, se pueden obtener beneficios. Pueden ser realizadas por universidades, farmacéuticas e industrias, y como resultados de ellas el país puede beneficiarse con medicamentos, creación de capacidades técnicas, intercambio de conocimientos, entre otros”, explica el viceministro Franco.

La segmentación y el mercadeo son claves

De acuerdo con Elizabeth Tovar, directora de la Asociación Dominicana de Operadores de Turismo Receptivo (Opetur) y presidenta de la agencia Turenlaces, ha habido una transformación en el gusto del turista en los últimos años, “de ahí la necesidad de la segmentación en nuestra oferta y de mercadear correctamente los diferentes nichos a nivel de país, incluido el de la rica flora dominicana”.

Conocedora del producto turístico local, Tovar insta a que el Gobierno tome con más entusiasmo el tema del mercadeo y la segmentación. “Nuestras leyes están hechas para beneficiar a los grandes turoperadores, pero restringen, por ejemplo, hacer excursiones a la medida a los más pequeños…, y esas trabas afectan incluso el desarrollo del turismo interno de flora y fauna”, señala.

Bolso con ilustración de la palma guanito. Foto: cortesía del diseñador

Un dominicano que vive en Madrid, el artista plástico, diseñador industrial y fotógrafo, Erickdony Turbí, sin ningún apoyo institucional se dedica a promocionar lo nuestro. Con su emprendimiento Artpargatas da a conocer a los europeos nuestras emblemáticas muñecas sin rostro y otros elementos que pinta en alpargatas confeccionadas con materiales sostenibles.

El joven, natural de San Cristóbal, también creó una colección de bolsos elaborados en piel rectificada y piel flor (legítima), que nombró “Palmeras en la piel”, pintados a mano con ilustraciones de tres de nuestras palmeras endémicas: la palma real (Roystonea hispaniolana), la palma guanito (Coccothrinax argentea) y la palma cacheo (Pseudophoenix ekmanii).

Mención honorífica

Este artículo estaría incompleto si no hacemos mención de dos destacados científicos dominicanos, fallecidos este año. Permanentes defensores de la naturaleza y comprometidos con la divulgación de la flora y fauna dominicanas: el científico y maestro Brígido Peguero, reconocido biólogo experto en plantas que laboró durante varias décadas en el Departamento de Botánica del JBN –que dirigía al momento de su partida– y a quien debemos más de 300.000 especímenes catalogados. Por otro lado, el entomólogo y taxónomo Abraham José Abud Antún (Bambán). En el Museo de Historia Natural “Prof. Eugenio de Jesús Marcano” se encuentran cientos de ejemplares etiquetados que fueron recolectados por él. Según informaciones del Departamento de investigación y Conservación del Museo, que dirige Carlos Suriel, “las especies nuevas para la ciencia, en cuya descripción tomó parte Bambán, son arácnidos (esquizómidos y escorpiones). Además, figuran reportes nuevos de especies ya descritas, pero cuya presencia en la isla se desconocía”.

LA ESPAÑOLA, UN PARAÍSO PARA LA EXPLORACIÓN BOTÁNICA

Fushia triphylla. Foto: Rolando Sanó

Son muchos los hombres de ciencia que llegaron a nuestro territorio desde hace siglos para contribuir al conocimiento y la difusión de nuestra extraordinaria biodiversidad. Mencionarlos a todos o a una parte de ellos sería como escribir un libro, y ese volumen ya existe; su autor es el alemán Jürgen Hoppe y se titula Grandes exploradores en tierras de La Española, publicado en nuestro país en 2001 por el Grupo León Jimenes, y de donde resumimos los siguientes párrafos.

Al monje y botánico francés Charles Plumier (1646 – 1704) le debemos el nombre de nuestra revista (FUCSIA), pues fue él quien, en su tercer viaje a las Antillas, entre 1696 y 1697 descubrió en las zonas altas de nuestra Cordillera Central la Cocaria (Fuchsia triphylla). La describió en su libro Nova Plantarum Americanum Genera, publicado en 1703, como Fuchsia Triphylla Flore Coccinea, que significa Fuchsia con tres hojas y flores rojas.

Dando un salto en el tiempo, llegamos al sueco Erik Leonard Ekman (1883 – 1931), uno de los principales coleccionistas botánicos de todos los tiempos y cuya contribución al conocimiento de la flora antillana es la más extensa de una sola persona. A Santo Domingo llegó en 1928. Tres años después enfermó de malaria y neumonía y con apenas 47 años falleció en Santiago de los Caballeros, en casa de su gran amigo el Dr. Rafael Ciferri. Durante 17 años de trabajo en el campo recolectó más de 35.000 variedades de plantas, 19.000 de Cuba y 16.000 de La Española, las cuales suman con los duplicados recolectados más de 150.000 especímenes.

 

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