Por Yulendys Jorge

Foto: Ricardo Hernández

 

A la antropóloga e investigadora social dominicana Fátima Portorreal no se le entrevista, se conversa con ella. Un encuentro no es suficiente para abarcar todo lo que puede ofrecer, ni contestar todas las preguntas e inquietudes que tenemos en Fucsia y consideramos pueden ser de interés para nuestros lectores.

Así que decidimos, que esta sería la primera de otras charlas con Fátima, licenciada en Antropología por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), magíster en Género y Desarrollo por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), psicoanalista lacaniana por la Escuela Dominicana de Psicoanálisis, diplomada en Estudios Avanzados por la Facultad de Historia y Antropología de la Universidad de Sevilla, España, y candidata a doctora por la Universidad de Córdoba.

Además de su vasta trayectoria en investigación para fines personales, para universidades así como para organismos e instituciones académicas internacionales, Portorreal no deja de estudiar –al momento del encuentro había terminado un curso sobre los inuits–, como tampoco para de recibir invitaciones a conferencias nacionales y en el extranjero. Y aun así sorprende cómo dedica tiempo a periodistas curiosos como nosotros y comparte todo su saber con la misma intensidad con la que sus interlocutores ansían conocer.

La relación de las plantas con los seres humanos es uno de los temas que tratamos con Portorreal, quien en diversas universidades del país imparte docencia de metodología científica, técnica de investigación, antropología, historia occidental, sociología del desarrollo e historia de África.

Fucsia: ¿Cómo surge la relación de los seres humanos con las plantas?

Fátima Portorreal: Desde los primeros humanos hubo una relación, primero alimentaria, luego medicinal y al mismo tiempo mágica con las plantas. Los neandertales, que son anteriores a los Homo sapiens sapiens (subespecie del Homo sapiens) ya usaban flores para enterrar a sus muertos, costumbre que también tenían los sapiens. Y se está estudiando el uso que los Homo habilis les daban a las plantas.

Siempre hubo una relación mágica con las plantas, hasta en la actualidad, porque la idea animista ha resistido en la base psíquica humana, en la que se entiende que las plantas son entidades vivas que tienen un alma y en todas las culturas se encuentra esa relación de las plantas con lo humano; no solo en América, también en África y Asia. Es una condición universal.

F: ¿Y en cuanto al uso medicinal?

FP: Hay una relación entre los animales y las plantas; los primeros buscan las plantas a veces para purgarse, para sanarse incluso. Hay aves que utilizan semillas muy amargas para desparasitarse. ¿Cómo los humanos aprendieron?, observando a los animales, y utilizando esa parte instintiva. Las mujeres veían que los animales se curaban, y ellas también empezaron a usar las plantas para curarse. Fueron las mujeres las grandes recolectoras de semillas, las impulsoras y descubridoras de la agricultura. Notaban que donde dejaban caer semillas, de estas luego brotaban plantas, y empezaron a enterrarlas de manera organizada para cultivo para abastecerse de alimentos. Los hombres se apoderan de la agricultura en la Edad de los Metales, cuando podían elaborar instrumentos como el arado, que los hombres manejaban en África. Pero en Europa, Asia y Medio Oriente la agricultura era una función fundamentalmente femenina.

El ser humano seguía el ciclo de la naturaleza, y a través de esa observación aprendió a relacionarse con las plantas. La mayoría de los chamanes, hombres y mujeres de medicina como se les llama, observaban la naturaleza y en ese proceso de aprendizaje se daban cuenta de cuáles plantas sanaban y cuáles producían la muerte. Era una dinámica de ensayo y error, e iban anotando en su memoria las características de las plantas, sus efectos y empezaron a agrupar las que formaban parte de la sanación. El conocimiento de los hombres y las mujeres de la medicina de la Amazonía es único, y ha sido traspasado de generación en generación en miles de años.

Sociedad dominicana

 

F: En República Dominicana, ¿a partir de cuándo empezamos a sembrar plantas por placer, sin que esta actividad esté relacionada con fines alimentarios como los conucos?

FP: Las mujeres campesinas tenían siempre siembras de flores y plantas relacionadas con la medicina, de acuerdo con trabajos que he realizado, incluido el conuco como tema. En todo el sur del país (mi estudio incluía el sur de Haití), que era la parte donde más había conucos, en la mayoría de las casas estaba el huerto, masculino, y los alrededores del huerto, femenino. El conuco tradicional tiene dos partes una masculina y otra femenina, y las mujeres siempre sembraban flores, rosales…

F: ¿Qué significa conuco masculino y conuco femenino?

FP: Si el conuco lo trabaja una mujer es femenino, pero la realidad es que el conuco está dividido en partes, una controlada por el hombre y otra por la mujer. Si es un conuco familiar, lo asume el hombre y este es el que siembra. Eso no significa que las mujeres no lo hagan, si ella tiene su conuco, lo sembrará de plantas diversas y por igual hará asociaciones. La propiedad de la tierra usualmente está en manos masculinas en el campo, salvo excepciones; por tanto, los hombres tienen un sinnúmero de asociaciones de cultivos como la batata, yuca, forrajeras abajo para que crezca el maíz y otras plantas más grandes.

Alrededor del conuco se siembra habas, guandules, y esas son llamadas las plantas femeninas, incluso en el campo dicen “esas plantas son de las mujeres”, y hacen esa frontera. Hay alguna zona del patio que tiene frutales donde la mujeres los barren, los cuidan, que son también huertos, que pertenecen a lo femenino. Evidentemente, hay hogares donde no hay hombres y las mujeres tienen que trabajar, pero el huerto de las mujeres siempre está mucho más cerca de la casa.

Cuando se da el tránsito a la agricultura más migratoria, usualmente esos huertos son masculinos, porque hay que atravesar lugares, el campesino va a una loma (también algunas mujeres, en menor medida). Luego se establecen huertos controlados por hombres más cerca de la casa y con terreno que ellos lo controlan, como una agricultura más sedentaria.

En el este es muy común que las mujeres vendan las frutas que recogen en los monte en compañía de otras mujeres. Con el dinero les compran libros y utensilios a los muchachos. En el Cibao es diferente, porque la plantación de tabaco es muy masculina, y el control de la tierra quedó desde muy temprano en el siglo XIX en manos de los hombres.

En el campo, las mujeres han sido expropiadas de la tierra. Para tener o conseguir un pedazo de tierra hay que comprado o es por herencia. La viudez es un mecanismo para heredar la tierra. Las formas tradicionales de tenencia de la tierra son masculinas, porque en el campo el papa y la mamá, cuando la hija se va, el papá no le da tierra porque se supone que el marido de ella es quien la tiene. La tierra se la quedan los varones, y los beneficios que reciben las mujeres se limitan a plátanos y otros frutos que les dan los hermanos. Si venden la tierra, es posible que se les entregue tierra a ellas, pero a veces ni siquiera se dan cuentan de esos trámites y quedan desposeídas de la propiedad.

F. ¿Cuándo empiezan a existir los viveros? Es decir, ¿a partir de cuándo empieza la demanda de plantas ornamentales por placer, para fines decorativos?

FP: Para mí eso viene después del gobierno de Balaguer, en los doce años. No he estudiado la problemática, pero por la percepción que tengo, en el mundo rural, a principio de los años 70, la mayor parte de la población era rural, la mayoría de las mujeres sembraba en la tierra. La manera de traer cosas para vender era por el río Ozama, desde la zona de Villa Mella, y se llevaba a los mercados. Usualmente, la gente transportaba tierra negra de Villa Mella, de San Cristóbal o de la zona de Haina, y de esos lugares también se traía algunas veces plantas que se compraban en los mercados. Yo recuerdo haber ido al Mercado Modelo y encontrar de venta algunas plantas de uso medicinal y ornamental. En ese tiempo no se vendían algunas especies como las orquídeas.

En los mercados, al que te vendía la cebolla podías pedirle que te trajera plantas medicinales o para decorar la casa. También en estos lugares se vendía tierra negra; como lo hacían los carreteros más adelante por las calles de la ciudad.

Con relación a las flores cortadas, también se encargaban. En los años 70, para las celebraciones de matrimonios, muchas de esas flores se compraban en jardinerías de Constanza y Jarabacoa, y tenían que encargarse con mucho tiempo. En ese entonces no se exportaban.

F: ¿Qué nos puedes decir sobre la relación del dominicano con las plantas?

FP: República Dominicana es un país que tiene una base rural. Todo el que vive en Santo Domingo provino, de alguna manera y en su mayoría, de aquellos que emigraron de los pueblos para estudiar o en busca de una mejor vida. Aquí ha existido siempre una tradición de herbolaria y de uso medicinal de las plantas.

F: ¿Y previo a la Colonia?

FP: Sí. Los indígenas usaban plantas, y en la Colonia, cuando vinieron los españoles, ellos tuvieron que hacer uso de las plantas que tenían los indígenas, como se puede leer en las crónicas, y ellos también trajeron plantas como el jengibre y otras de uso medicinal y las desarrollaron aquí en plantaciones, incluso para venderlas en Europa.

Los europeos también usaban muchísimas plantas medicinales, hay listados enormes, como la artemisa, la menta, entre otras, que las introdujeron aquí en la isla porque ellos ya las utilizaban y las tenían por tradición antes de la llegada de América.

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